CÓMO (Y POR QUÉ) TOLERAR EL AMOR.

El amor es incondicional siempre y cuando se mantenga dentro del margen de nuestras condiciones.

 

Bienvenidos a un capítulo más donde el teatro habla del amor.

¿Y es que de qué más hay para hablar? El amor es el bloque fundamental de todas y cada una de las emociones humanas. Todo lo que hacemos, lo hacemos con y por amor. Pero ese es tema de otra nota. Hoy hablaremos de las veces en las que, gracias a él, nos convertimos (de vuelta) en bestias. O qué, ¿crees que el amor es exclusivamente humano? Si es así, te sugerimos abrir tu mente y alma a lo que estás a punto de leer.

A pesar de que solemos concebir al amor como lo más bello, cursi y maravilloso que podamos sentir, no podemos negar que a menudo nos convierte en máquinas estultas de autorrealización. El clásico “amor prohibido” no sólo enciende ambos lados de dicho espectro. Los amplifica al máximo. Todos tenemos al menos una historia en la que podemos identificarnos o con Romeo o con Julieta. ¿Pero te has puesto a pensar si alguna fuiste el Montesco o el Capuleto de la historia? Indignado, enemistado, irracionalmente determinado a acabar con el amor que no le acomoda. Y gruñe, y muerde, y ataca, y no se detiene hasta lograr su cometido: matar sin siquiera considerar.

 

Shakespeare noticia

 

El amor es incondicional siempre y cuando se mantenga dentro del margen de nuestras condiciones. Si no lo entendemos, lo condenamos. Nos hemos sentido pecadores por amar al sexo opuesto, nos hemos sentido asqueados por amar al mismo sexo, y nos seguiremos sintiendo horrorizados por amar algo totalmente distinto a nosotros. Olvidamos que los sentimientos existen sin nuestro consentimiento y nuestro control. Pero nunca existirá argumento lo suficientemente sólido como para negar la conexión más pura e inocente entre, digamos, un hombre y una cabra.

 

Goat GIF from Goat GIFs

 

Lo que sí existe es una razón para dejar ser feliz: ser feliz.

En efecto. Si lo único que ese amor ajeno está lastimando es tu ego, lo mejor que puedes hacer es dejarlo ser. No hace falta tu juicio. No necesitas vivirlo. Ni siquiera estás obligado a entenderlo (aunque deberías intentarlo). Asúmete incapaz de intelectualizar una energía así de vehemente, y considérate afortunado de ser su medio de propagación. Ni modo, todos nacimos con una necesidad de afecto único e irremplazable, y, aunque no lo podamos explicar, si te dedicas a destruirlo, el precio irremediablemente será muy alto: te acabarás convirtiendo en una bestia.

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Foto la Cabra