El Bien del País

(o de cómo darle fin al fin)

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El domingo se acerca, y con él, el fin.
El fin de semana, el fin de mes, y el fin de temporada de una de las obras más grandes que hemos interpretado en el Foro: “El Bien del País” de Timberlake Wertenbaker.

Pero ojo: cuando decimos “en el Foro”, no nos referimos a Zamora 7 colonia Condesa. Mejor dicho, nos referimos a Producciones Foro Shakespeare, un grupo de actores y productores que está por perder un hogar.

Imaginen esto: una bola de expatriados que pasan meses y meses a la deriva, lejos de cualquier cosa que pueda llamarse “tierra firme”. Para colmo, esta bola de expatriados son ese tipo de personas que algunos llaman “almas libres” y otros llaman “sinvergüenzas”, y, encima de todo, tienen hambre. Mucha. Hambre de vivir, hambre de saciar, hambre de trascendencia, hambre de amor.

Dejados a su suerte y con la tripa vacía, se dan cuenta al arribar a nuevas tierras de que evitaron la mayor pena de todas: la pena de muerte. Y todo gracias a que tuvieron una segunda oportunidad para ser mejores personas. ¿Y quién les dio esta segunda oportunidad? ¿Su sociedad? ¿Su gobierno? No señor. Se la dieron ellos mismos al percatarse que el verdadero castigo no está en morir, sino en morir sin haber dejado algo en vida; sin plantar una mirada silenciosa y llena de coraje que nos conecte ante las injusticias, que nos haga comprender que volver a vernos tan sólo para ver si nos volvemos a encontrar unos a otros es un acto de amor, primero a uno mismo, y después al país.

Exactamente así es como Producciones Foro Shakespeare se prepara para el fin. Un fin que anuncia un destierro inminente de un lugar incesante. El fin de todo lo que conocemos para explorar el infinito mar de la incertidumbre. La clase de fin que embarca al inicio de una gran aventura. Un nuevo comienzo.

Como bien dijo un tímido ladrón de Sídney en 1788:
“Nadie pondrá en duda que nuestra emigración ha sido de provecho a la nación”.

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