EL DINERO ES DINERO Y LA MORDIDA ES LA MORDIDA

“Todos tenemos un precio” probablemente no viva en México, porque la verdad es que tenemos dos: el que uno mismo se pone y el que los demás le regatean"

 

“El alcance de la significación, la importancia, y/o la validez de una acción, sujeto u objeto.
Conjunto de cualidades por las que algo o alguien es apreciado.”


Si consultas al tío Google, verás que ese es el significado que le da a la palabra ‘valor’, mientras que “Cantidad de dinero que cuesta una cosa” es como define la palabra ‘costo’.

La honestidad tiene un valor confiado; el costo tiene un número en un papel.
La secrecía tiene un valor exigido; el costo tiene un número aún más grande en ese papel.
Lo que vales es la cantidad máxima de tiempo invertido en construir lo que sea por y para ti.
Lo que cuestas es la cantidad mínima de cifras a escribir para que renuncies a todo eso.

El costo puede tener o ser un valor, pero el valor no puede tener un costo... ¿o sí?

Quien diga que “Todos tenemos un precio” probablemente no viva en México, porque la verdad es que tenemos dos: el que uno mismo se pone y el que los demás le regatean. Y cuando un dilema moral decide jugar a la cuerda floja sobre la línea que separa a ambos precios, literalmente cualquier cosa puede suceder en tu sesgo cognitivo.

Cuando se trata de lana, casi todos somos borregos. Estamos en un país en el que el futuro de su gobierno, de su riqueza y de sus niños con cáncer dependen directamente de los intere$es personales de quienes los controlan, sin percatarse ni tantito de que es papi dólar el que los está controlando a ellos. O, mejor dicho, el que nos controla a todos sin distinción.

Pero como cualquier religión, la economía también tiene sus agnósticos: rebeldes que se niegan a aceptar que una cuenta, por muchos ceros que tenga, pueda tener más importancia que cualquier valor, por muchos peros que tenga. Sin embargo a veces resulta casi imposible nadar contra la corriente del mar de la plata. Citando a Kanye West: “el dinero no lo es todo, pero no tenerlo sí que lo es” (tampoco nosotros podemos creer que acabamos de citar a Kanye West). Es justo en esa frase donde entramos en uno de los dilemas más controversiales de América Latina: donde hay honestos que deben regalar su trabajo para no ir a la cárcel, existen corruptos que regalan su dinero para ser más corruptos. Y por el simple hecho de que el soborno sólo existe mientras existan los que lo aceptan, nuestro dilema se convierte en una prisión.

Pero no todo está perdido. Los expertos en prisiones tienen algo que decirte: la burrocracia tiene una solución, y se llama teatro. Los actores de la Compañía de Teatro Penitenciario Externa tienen el poder de tomar una tragedia, hacerla una comedia y transformarla en una de las reflexiones más necesarias de nuestra historia como humanidad. Decía Nelson Mandela que “nadie conoce realmente una nación hasta que ha entrado en sus prisiones”, y ellos son la viva evidencia de que estar rodeado de corrupción no implica ser corrupto.

“La Mordida” no sólo te hace reír, sino que te hace partícipe de elegir sabiamente bajo la fuerte tentación de tomar el mismo camino fácil de siempre. O sea, igual que las próximas elecciones, pero con menos gente y menos consecuencias severas.

Es triste que lo que verás en el escenario lo puedes ver sin costo cualquier día en cualquier lugar del país. Pero más triste aún que tengamos que recurrir a negociar y sobornar tu interés para tener un beneficio que será de mucho valor para ti y el resto de tus paisanos corruptos. Lo único que nos queda es preguntarte ¿cuánto nos costará que te des a valer?

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La Mordida