LA INFINITA SIMPLEZA DE VERNOS LA CARA

¿Somos tontos? ¿Somos ingenuos? ¿Somos incansables o acaso infelices?

 

Los humanos tenemos una maldición: la inconformidad. Una ansiedad que desarrollamos conscientemente a los 3 años de nacer y que se queda con nosotros hasta la tumba. ¡Qué fácil aprendemos a aburrirnos!
 

El problema de la inconformidad es que nunca nos damos cuenta cuando cambia una felicidad por una utopía. Seguro, hasta hace unos minutos sabíamos perfectamente lo que queríamos… pero ya no lo queremos. Ahora buscamos algo que está más lejos aún, y, en el ¿mejor? de los casos, caminamos hacia nuestra siguiente meta. ¿Suena eso como un problema? En absoluto. Es hasta que caminamos tanto, que la problemática radica en perdernos en el camino. Vaya… ni siquiera sabemos si caminamos hacia adelante o en círculos, pero de que volvemos a empezar, volvemos a empezar.

via GIPHY

¿Y por qué lo hacemos? ¿Somos tontos? ¿Somos ingenuos? ¿Somos incansables o acaso infelices?

Todas las anteriores. Lo cierto es que estamos desesperados. El motor de nuestra insatisfacción es, tristemente, la satisfacción de los demás. Vemos al de atrás con desprecio y al de adelante con anhelo. Queremos sus autos, su popularidad, sus parejas, su trabajo, sus billetes, su personalidad. La publicidad logra vernos la cara una y otra vez con la promesa de la superioridad cuando lo único que hay que hacer es vernos al espejo con la convicción de la superación.

Pero aquí la noticia que pocos se creen: Nadie está adelante ni atrás. No existe adelante o atrás. ¿No se han percatado de que estamos sobre la faz de una esfera en medio de la fría, infinita y oscura nada, y en lugar de gozar el poco tiempo que tenemos, nos aterra que a los demás les desagraden nuestras superficialidades? Por supuesto que nos damos cuenta, y para evitar perdernos en ese pensamiento es más simple engañarnos. Al fin y al cabo somos animales sociales, y nuestros logros personales se presumen mejor acompañados de una elegante tarjeta de presentación; una cara bonita que asegura que todos la puedan ver.

via GIPHY

Y ahí, justo frente a nuestros ojos, se posa nuestra maldición. Cuando no sabemos manejarla, la inconformidad se disfraza de progreso, haciendo de la plenitud un sinónimo del aburrimiento. ¿Qué hará falta para que al fin tengamos la sensación de haber alcanzado una meta? No lo sabemos. Lo que sí sabemos, es que la felicidad tiene un significado diferente para cada persona, por lo que caminar en masa hacia un mismo destino definitivamente no funciona. Sólo hazle caso a tu pasión, y que lo que digan los demás solamente sea un reflejo del espejo que cada uno de ellos sostenga.

imagen miniatura
EL FEO