PRISONZINE: EL ARTE DE TOCAR FONDO

Hay cosas dentro que deben salir antes que las consecuencias nos hagan tocar fondo.

 

No somos nada.
En realidad, hoy todo lo que hago lo hago con más conciencia.
Sigo cometiendo errores, pero trato de no repetirlos.
Aquí nadie es libre. Cómo ha pasado el tiempo.
Cobardemente le dejamos la responsabilidad a otro.
Las sombras cubren la ciudad y se detiene el tiempo.

 

Al fondo de la CDMX hay una penitenciaría. Al fondo de esa penitenciaría, hay un foro. Al fondo de ese foro, un presidiario. Al fondo del presidiario, un corazón. Y al fondo del corazón se encuentran los sentimientos que dieron nacimiento al poema que acabas de leer.

Así es. La luz no siempre entra a la cárcel, pero sale a través de las acciones de un grupo de reclusos dispuestos a cambiar completamente un sistema de ideologías, reacciones y prioridades enraizados en las profundidades de su ser.

 

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La Compañía de Teatro Penitenciario  se ha hecho experta en cambios.

 Han transformado desde su manera de ver la vida hasta tu manera de ver la vida. En este largo viaje de 9 años de exploración y explotación emocional, cada uno de los más de 20 actores han descubierto talentos que los han liberado de las cadenas que ellos mismos se habían creado, cadenas que en un pasado inevitablemente lastimaron a la sociedad, y, por ende, a ellos mismos.

Hay quienes dicen que tras engañar, robar, matar, secuestrar o violar, una persona no debería tener el derecho de hacer arte, sino la obligación de sufrir, encerrado sin perdón tras las rejas al fondo de una celda fría y oscura. Y el fondo de esas palabras se entiende perfectamente. Sin embargo tendemos a olvidar que, tanto los que condenan como los condenados, somos personas. Víctimas y victimarios. Almas errantes destinadas a errar una y otra vez, impulsadas por un objetivo en común: la búsqueda de la felicidad. Aunque a veces no parezca, “los buenos” y “los malos” formamos parte del mismo equipo. Queramos o no. Lo entendamos o no.

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Es cierto. El sufrimiento es inefable. Crece rápidamente y, si no se controla, se contagia. Suficiente evidencia de que el sufrimiento en uno es el sufrimiento en todos. Hay cosas dentro que deben salir antes que las consecuencias nos hagan tocar fondo. Y en sociedades como la nuestra, en las que a menudo ese punto de escape está escondido o es negado, es necesario liberar la presión por cuenta propia. Darse a la fuga.

A raíz de ello, te presentamos la primera edición de “Pinche Perro. Experiencias en cana”. Un fanzine creado con las entrañas del fondo de Santa Martha Acatitla. En él, encontrarás relatos, poemas, ilustraciones, pensamientos… Anécdotas de cada uno de los internos que tomaron rigurosos la decisión de superarse y arrancar la raíz de todos los errores que los recluyeron. Demostrar que sus capacidades son mucho muy mayores al hoyo al que se metieron y del que paso a paso están determinados a salir. Para conseguirlo, sólo tienes que ir a nuestro Centro Cultural Autogestivo, El 77. Lugar que, por cierto, es hogar y fuente de empleo y creatividad de personas que ya superaron ese proceso carcelario.

 

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La libertad nos ha sido vendida truculentamente. Nos gusta pensar que en tanto no haya muros que nos rodeen, el éxito está a la vista. La condena, en realidad, está en creer que la libertad fluye de afuera hacia adentro, razón por la que la sociedad seguirá guardando sus pesadillas sin dejarlas huir, y al final seremos nosotros los que irónicamente venderemos nuestra libertad. Lo importante a recordar en esta cadena perpetua a la que llamamos “la búsqueda de la felicidad”, es que tocando fondo todos sentimos lo mismo. Es decir, que en el fondo todos somos iguales.

 

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